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sábado, 8 de diciembre de 2012

El Ayuno de San Felipe. Itinerario espiritual hacia el místico Belén. Parte II


Por Hieromonje Diego Flamini



Cuando practicamos el ayuno lo hacemos de distintas maneras. En primer lugar es una medicina que la Iglesia nos ofrece. Ninguno de nosotros cree que el médico nos castiga con una medicina o nos maltrata. Sino que sabemos que esa medicina está destinada a que recuperemos la salud e inclusive que lleguemos a una salud perfecta, en este caso espiritual.
La privación de alimentos de por sí no produce una mejora espiritual, si fuera así todas las personas que hacen dieta serían más santas, y nosotros sabemos que muchas veces, en nuestros días las dietas ayudan a las personas a aferrarse al pecado, no a alejarse de él. Cuántas personas comienzan  a practicar la vanidad, comienzan a practicar el orgullo, comienzan a practicar toda clase de superficialidad y maldad, porque  comienzan a  hacer una dieta para estar presentables para el verano. Cuántos pecados y cuántas caídas suceden, cuántos matrimonios rotos, cuántos votos destruídos por la vanidad de querer presentarse ante el mundo de una manera mucho más atrayente. 

Como vemos privarnos de comida no nos santifica, sino que hacerlo por obediencia y con la oración, buscando privar a nuestras pasiones del principal combustible, del principal aliciente, que no solamente es el alimento material o el exceso de agua, o el exceso de estímulos, sino la voluntad propia. La voluntad propia humana que no puede de por sí aspirar al Sumo Bien, sino que sólo la alcanza por la unión a otra Voluntad más grande, que es la de Dios, a la cual no podemos unirnos también sin un medio visible, por eso obedecemos en la Iglesia para librarnos de los límites de nuestra propia voluntad. 

El practicar el ayuno para nosotros es una práctica gozosa de desprendimiento, de crecimiento interior. Es una bendición que no sólo nos libra de lo superfluo sino que nos permite compartir nuestras cosas superfluas con los que necesitan. Como dice San Basilio el Grande:  “El ayuno de los monjes, llena la mesa de los pobres”. 

Ahora bien, nosotros sabemos de acuerdo al espíritu verdaderamente cristiano, que no hay un Evangelio para monjes y un Evangelio para laicos. Sino que el monaquismo existe en la Iglesia como una señal para todos los cristianos de lo que han de practicar. Cada uno en su medida, cada uno en su posibilidad, cada uno de acuerdo a su llamado pero siempre teniendo en cuenta como el barco que navega el faro que marca los límites de adónde nos dirigimos. Por eso dirigirnos hacia la Navidad es también adentrarnos más profundo en nuestro corazón para orar más intensamente con lo que nos enseñan los padres. Es la oportunidad de introducir en nuestra vida esas oraciones que hemos siempre dejado de hacer. Es la ocasión para privarnos de diversiones innecesarias, para entrar en nuestro corazón y hacer ese examen. Un examen no destinado a torturarnos sino a liberarnos de aquello que nos aqueja. Cuántas personas caminan serenas, tranquilas por la calle creyendo que están sanas y de golpe despiertan a una terrible realidad, una terrible enfermedad que amenaza su vida con destruírla. La Iglesia como madre, sabia, con el consejo de los santos padres nos llaman a que analicemos nuestra conciencia, que vayamos al médico espiritual para tener la certeza del mal que nos aqueja y del bien sobre el cual estamos apoyados. Cómo adquirir la salud, y cómo conservarla espiritualmente, cómo alejarnos del mal, cómo enfrentar  aquellas cosas que no hemos osado  cambiar en nuestra vida. 

El Ayuno de Felipe es otra oportunidad que Dios por su misericordia revela, esta vez con la finalidad de hacernos participar en el banquete humildísimo del Pesebre. Otra vez comer a Cristo y a su vez adorarlo en el Pesebre. Otra vez descubrir la sencillez originaria de las cosas. Y librarnos de todo lo que nos sobra. Por eso la práctica de la misericordia y de la limosna no están exceptuados. Y también sobre todo el acercarnos a la confesión con mucha más sinceridad, con más profundidad, el renovar nuestro corazón con nuevas  lecturas, pidiendo un consejo, acudiendo en pos de la salud que tantas veces nos hemos acostumbrado a perder. A veces actuamos de una manera poco provechosa, fatigándonos en toda clase de tareas, y no procurándonos el bien único que es Dios. Ni santificando las tareas que hacemos, ni bendiciendo la comida, ni estando con Dios en cada cosa que hacemos.

Por eso en primer lugar, esas semanas  se organizan con dos días de ayuno estricto, como el miércoles y el viernes. Los miércoles y viernes que normalmente son de ayuno leve, pasan a ser de ayuno estricto. Los lunes, los martes  y los jueves pasan a ser de ayuno leve. De manera que se cumple con nuestra antigua costumbre dada por los padres, que los ayunos solamente abarcan de lunes a viernes inclusive. Y el sábado y el domingo también se puede ayunar, pero hasta una medida que no exceda el ayuno leve. La misma Iglesia que nos manda ayunar un miércoles y un viernes, nos lo prohíbe hacerlo un sábado y un domingo. Esa distinción de días, no es un aferrarse a una costumbre antigua, sino que es el descubrimiento que cada día para nosotros es un regalo de Dios. Y un regalo de Dios cuyo secreto no está en nuestro propio arbitrio, sino que está en nuestra disponibilidad a aquello que Dios nos envíe. Cada día que nos levantamos, salimos a nuestra tarea, nos vemos sorprendidos por cosas que Dios ha dispuesto en ese día y no en otro día. No somos nosotros los que distinguimos los días, sino que es Dios quien nos enseña a ordenar nuestro tiempo, y nuestro corazón, y nuestra mente, y disponernos a hacer la Voluntad con toda la Iglesia, unidos con toda la Iglesia. No es importante que sea miércoles, que sea viernes, o que sea domingo, lo importante es que es un tiempo en el cual con esos otros con los que concelebramos la Natividad, co-ayunaremos, co-oraremos o haremos como un solo Cuerpo que a la vez se regocija en un momento, y en otro entra dentro de lo profundo de su corazón, buscando la salud, buscando la paz, el perdón, la remisión de los pecados, el arrepentimiento, la humildad, la mansedumbre, la iluminación espiritual, el regocijo, la esperanza, bienes que anhelamos sin querer fatigarnos. Como quién quiere tener músculos sin mover los brazos. 

Por eso entreguémonos con gozo a este pequeño sendero, que por distintas etapas nos irá llevando hasta Belén, hasta la humilde y pequeña Belén. Es más hasta las afueras de Belén, hasta un recoveco en las afueras de Belén. Un lugar y un estado que solamente conocemos porque Dios nos lo ha revelado, ya sea por la sabiduría que Dios nos infunde como los magos, o por el anuncio de otros, como es a los pastores. Pero, de todos modos estamos llamados a abandonar nuestra tarea, a hacerla a un costado por medio del ayuno y la oración, y encaminarnos hacia el Belén espiritual que nos espera para concelebrar místicamente y asistir al Nacimiento del Niño Dios. Vayamos con gozo hacia el encuentro de aquél que nos espera en este momento en el vientre de María. Amin. Que Dios los bendiga y que la Santísima Madre de Dios los ampare.

Hieromonje Diego Daniel Flamini, Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo 2012


lunes, 3 de diciembre de 2012

El Ayuno de San Felipe. Itinerario espiritual hacia el místico Belén. Parte I


Por Hieromonje Diego Flamini


En la Tradición Bizantina, el primer gran ayuno que realizamos a lo largo del año,  luego de su inicio el 1º de septiembre,  es el Ayuno de Felipe, llamado así porque consiste en seis semanas de ayuno de variada intensidad, comenzando el día de San Felipe, 15 de noviembre del calendario juliano (del 28 de noviembre al 6 de enero, calendario gregoriano). Al comenzar ese día la pilipiuka en ucraniano, filipouka en ruso, tradicionalmente es practicada por los cristianos como una espera del Nacimiento de Cristo.


Ahora bien, la Iglesia nos propone este ayuno, los Padres nos enseñan este ayuno y lo tienen incorporado a la vida cristiana por razones muy sencillas. En primer lugar porque el hecho fundante de nuestra fe, es el hecho de que el Verbo de Dios se hizo hombre. El Verbo de Dios al hacerse hombre, toma nuestra carne y se prepara como víctima para dar su vida en la Cruz, y salvarnos del pecado. Este hecho no es puramente un suceso histórico del cual estamos cada año más alejados, sino que es una realidad teológica que impregna lo más profundo de nuestra  realidad cotidiana. El Universo cambia a partir del Nacimiento de Cristo, y ese Nacimiento de Cristo es el comienzo de nuestra fe.  Nuestra fe se apoya en el hecho de que Cristo nació, vivió, murió y resucitó, y dio su vida por nosotros. 

Nosotros celebramos la Navidad, no festejamos el cumpleaños de Cristo. Celebramos la Natividad, no conmemoramos un hecho que cada año es más lejano. Nosotros participamos espiritual, mística y sacramentalmente del Nacimiento de Cristo, no utilizamos la fecha convencional del Nacimiento de Cristo para una reunión a nuestra medida. Somos nosotros los que místicamente nos encaminamos a Belén para poder participar junto con la Santísima Madre de Dios, junto con San José y con todos aquellos que se sienten llamados, que reciben el llamado de ir a adorar al Niño al Pesebre en que emprendemos este camino de conversión,  salimos de nuestros propios caminos y durante seis semanas espiritualmente nos dirigimos a Belén al encuentro con Cristo. No importa que nos separe el tiempo y el espacio, porque el hecho del Nacimiento de Cristo está en el seno de Dios, de manera que la Iglesia al celebrar el Oficio de Navidad rasga el velo de este mundo y nos hace vecinos de Cristo, nos hace miembros del Pesebre, nos incluye dentro del resonante anuncio de los ángeles, de la aclamación de los magos que peregrinan, del asombro de José, de la ternura de la Santísima Madre de Dios. 

Los cristianos, por lo tanto,  si verdaderamente somos tales, estamos llamados a encaminarnos a Belén durante  seis semanas, de una manera que aligere nuestros pies, no que los sobrecargue desviándolos de su verdadero fin.  Nadie emprende un camino arduo, llenándose de cosas innecesarias, por lo que esas seis semanas de peregrinación, afinan nuestro espíritu y lo concentran en la Venida del Aquel que nos salva.

En primer lugar, ¿por qué la Iglesia nos propone ayuno y penitencia?, porque eso es lo que una madre  hace con sus hijos, lavarlos de sus impurezas, y ofrecer este tiempo de conversión y transformación para que crezca el Reino de Cristo entre nosotros.  

Celebrar para nosotros no es recordar, sino hacer presente y participar interiormente. Podemos decir que celebrar la Navidad es concelebrar la Navidad. Es como Iglesia regocijarnos en la misma fuente de nuestra vida, es estar frente al Pesebre, es estar frente al hecho del Verbo de Dios hipostasiado en la carne y la cual como la semilla viviente se entierra y de la cual surgirá victorioso el día de la Pascua.


(continúa próximo post...)



jueves, 27 de septiembre de 2012

Fiesta de la Exaltación Universal de la Venerable y Vivificante Cruz - Significado de la Cruz Bizantina.


Cruz de la Iglesia del Monasterio Bizantino de la Transfiguración, escrita, adornada y tallada por miembros de la comunidad bizantina de Pigüé.

 Hoy 14 de septiembre según calendario juliano, celebramos en el rito bizantino la Exaltación Universal de la Venerable y Vivificante Cruz.

En este día se recuerda un evento vinculado con la Cruz del Señor, el retorno de esta a Jerusalén desde Persia después de catorce años de cautividad.
Durante el reinado del emperador bizantino Focas (602-610), el emperador persa Cosroes II venció al ejército griego, invadió Jerusalén y se llevó cautivos a la Vivificante Cruz del Señor y al Patriarca de Jerusalén Zacario (609-633).



La Cruz estuvo en Persia durante catorce años y recién bajo el emperador Heraclio (610-641), que venció a Cosroes con la ayuda de Dios y llegó a la paz con su sucesor e hijo Siroes, cuya consecuencia fue la devolución de la Sagrada Reliquia. Con gran solemnidad la Cruz fue trasladada a Jerusalén.

El emperador Heraclio con la corona imperial y vestido de púrpura llevó la Cruz del Señor hasta la Basílica de la Resurrección. Junto al emperador iba el Patriarca Zacario. En las puertas por las que se asciende al Gólgota, de pronto el emperador se detuvo y le fue imposible avanzar. El santo patriarca le explicó que un Ángel del Señor impedía su paso, porque Aquel que llevó la Cruz hasta el Gólgota para la expiación de los pecados, lo había hecho en medio de una gran humillación. Entonces Heraclio, quitándose la corona y la púrpura, vestido de ropas corrientes y sin sufrir ningún obstáculo llevó la Cruz de Cristo hasta dentro de la iglesia.

En un sermón sobre la Exaltación de la Cruz, San Andrés de Creta dice:” La Cruz es exaltada, y todo en verdad se reúne en torno a ella, la Cruz es exaltada, y la Ciudad se llena de solemnidad, y el pueblo celebra la fiesta”.


Significado de la Cruz Bizantina


Por la Cruz vino nuestra salvación. Nosotros recordamos que Cristo murió por nosotros cuando vemos la imagen de la cruz (que representa al Señor crucificado), y nos recuerda que Él ascendió de los muertos, cuando contemplamos el icono de Cristo "no hecho por manos" (Eslavo: Нерукутвореному образъ) en el manto (que representa al Señor resucitado de la muerte).

Alabando al Señor crucificado están dos ángeles que vuelan, con la inscripción entre ellos que dice: "Los ángeles del Señor" (en Eslavo: Ангели Господни). En algunas representaciones de la Cruz los Ángeles están sosteniendo una imagen de la Santa Trinidad, pero por lo general los ángeles están simplemente sosteniendo un manto, lo que indica su posición como mensajeros que sirven al Señor y que esperan en Él.

La barra superior de la cruz es la que contiene el letrero que Pilato ordenó colgar a manera de burla sobre la cabeza de Cristo. En este letrero fue inscrita la frase: "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos", en hebreo, griego y latín (abreviado como "INBI" en iniciales griegas, o las iniciales latinas "INRI" en la tradición occidental). Esta frase ha sido sustituida por la inscripción cristiana: "Rey de la Gloria" (Eslavo: Царь славы), situado debajo de las rodillas de los ángeles. En el título de la placa se inscribe en las iniciales «IC XC", siendo la primera y última letras del nombre de Cristo en griego (en Griego.: Iisous Xristos, Eslavo Antiguo: Ісоусъ Христосъ; Nuevo Eslavo: Іисусъ Христосъ). Además, justo por encima de los brazos de Cristo, vemos la inscripción: 'NIKA', que en griego significa: "Cristo, vence". De acuerdo a la tradición bizantina, El Salvador no lleva una corona de espinas (como en la tradición occidental), ni es mostrado vivo sobre la cruz, ni en cualquier aspecto de sufrimiento, sino, en un estado de reposo, humilde y pacífico, con la cabeza inclinada. También tenga en cuenta que sus pies están clavados con dos clavos.

La barra de en medio, es en la cual las manos de nuestro Señor fueron clavadas. En las esquinas superiores vemos las representaciones del sol a la izquierda, (Eslavo: солнца) y la luna a la derecha, (Eslavo: луна), por: "El sol se escondió su luz, y la luna se convirtió en sangre." (Joel 2: 31). La inscripción: "Hijo de Dios" (Eslavo: Сынъ Божіи) se coloca a ambos lados de la cabeza de Cristo, y por debajo de sus brazos se lee la inscripción: "Ante tu Cruz nos postramos, Soberano, y tu Santa Resurrección, glorificamos" (en Eslavo: Кресту Твоему покломняемся Владыко, и святое воскресение Твое славимъ). En el nimbo de Cristo está inscrita con las letras griegas “ο ω ν”, que significa: “El que es”, para recordarnos que Cristo es el mismo Dios que se identificó con estas palabras a Moisés en el antiguo testamento.

Detrás del cuerpo de Cristo, a cada lado encontramos una lanza (con la cual fue traspasado) y en una caña, una esponja (que estaba empapada de hiel y vinagre y que le ofrecieron a beber). La Lanza (izquierda) está indicada con "К" en Eslavo; que significa "копие", mientras que la esponja (derecha) está indicada con "Т" que significa "трость" (que significa “junco” o “caña”). En algunas cruces podemos ver en lugar de "Т" la inscripción "Г" que significa "губка" (esponja) en Eslavo. El cuerpo de Cristo tiene sangre y agua que brota de su costado.

La barra inferior inclinada es la base de los pies. En las oraciones de la novena hora, la Iglesia compara la Cruz a un tipo de equilibrio de la justicia:

"Entre dos ladrones Tu Cruz demostró ser un balance de la justicia: por qué uno de ellos fue arrastrado hacia abajo al Hades por el peso de su blasfemia [lado hacia abajo], mientras que el otro fue aligerado de sus transgresiones a la comprensión de la teología [lado hacia arriba]. Oh Cristo Dios, gloria a Ti”.

La ciudad de Jerusalén se representa en el fondo, porque Cristo fue crucificado fuera de las murallas de la ciudad. Al pie de la cruz están las letras: "Г Г" para “el monte Gólgota” (en Eslavo: Гора Голгофы), esta es la colina a las puertas de la ciudad en la que Cristo fue crucificado. Por debajo de los pies de Cristo están cuatro letras eslavas con las marcas de la abreviatura: "М.Л.Р.Б.", que significa: "El lugar de la calavera, donde estaba Adán" (en Eslavo: Место лобное рай бысть). Escondido en una cueva debajo de la tierra está “el cráneo de Adán” (según la tradición Cristo fue crucificado precisamente en el mismo lugar donde fue enterrado Adán), identificados con las letras:" Г А "(en Eslavo: глава Адамла).


 Debemos, pues, recordar que nuestro padre Adán perdió el Paraíso a través del árbol de la que erróneamente participó, Cristo es el nuevo Adán, nos trae la salvación y el Paraíso a través del árbol de la Cruz.



Fuentes:



jueves, 6 de septiembre de 2012

Testimonio de conversión del actual Vicerrector de la Universidad Católica Ucrania



Myroslav Marynovych hoy es vicerrector de la Universidad Católica de Ucrania. En el convulso panorama político ucraniano éste no es en la actualidad un cargo cómodo, pero alguien como él, que pasó 7 años en campos de trabajo comunistas y otros tres deportado a Kazajstán, no se arredra fácilmente. Incluso, en parte, añora esos años, porque a él, que era ateo y escéptico, Dios se le reveló en la cárcel y en el gulag.

Nieto de sacerdote, pero ateo

"Mi familia era religiosa. "Mi abuelo materno fue sacerdote grecocatólico y mi madre creó en casa una atmósfera de fe sencilla y limpia, sin fanatismo alguno. Ella deseaba que yo fuese creyente, pero no me presionaba. Yo asumí el escepticismo ateo en mi juventud, aunque mantuve respeto hacia las personas religiosas. No sentía ninguna necesidad de Dios, vivía bien sin Él. Pero tenía claro que existía el bien y el mal y unos valores muy firmes, y el tema de la gravedad moral siempre lo tuve presente".

De esta exigencia moral llegó su compromiso con la disidencia y los derechos humanos... lo que le llevaría a la cárcel.

"Sentía que los valores del comunismo eran muy elevados en la teoría, pero luego en la vida real siempre resultaban feísimos. Eso suscitó muchas preguntas en mí… y vi que todo en el sistema comunista era falso", detalla.

"Tenía 20 años y perder la autoestima a esa edad puede dejar vacía toda tu vida. Tenía afinidad personal por los perseguidos y un fuerte sentido de solidaridad hacia ellos. El régimen pedía total lealtad, no le bastaba con que le amases a medias. En la KGB me lo dijeron claro: “si no estás con nosotros, estás contra nosotros”. Así que les respondí: “vale, pues estoy contra vosotros”.

Los disidentes del grupo de Helsinki

Fue fundador de Helsinki Watch en Ucrania. En 1977 fue encarcelado y luego deportado. "Eran los años 70, y el presidente Carter de EEUU había sacado el tema de los derechos humanos del ámbito filosófico y lo estaba llevando a la política internacional. Aquello lo acogimos muchos con entusiasmo. En Helsinki, en 1965, los países de la OSCE, incluyendo la URSS, firmaron un compromiso ¡que hablaba incluso de libertad religiosa y de libre circulación de ideas! En la Unión Soviética creamos 5 grupos de “seguimiento de Helsinki”. En 1976 diez disidentes ucranianos difundimos a través de publicaciones de Occidente y periodistas occidentales, las violaciones en Ucrania contra lo pactado en Helsinki. Difundimos los nombres de poetas y escritores arrestados y pedimos que los liberaran. No éramos ilusos: sabíamos que también a nosotros nos arrestarían".

Y así sucedió: la policía secreta les buscó uno a uno y les detuvo.

"La KGB nos sentenció por, técnicamente, ´difundir propaganda antisoviética para socavar la estabilidad del sistema´. De esos diez disidentes, ocho fuimos encarcelados y dos fueron expulsados. Nos declararon “criminales muy peligrosos”. Me sentenciaron a 12 años en campos de trabajo y exilio. Cumplía ya 10 años cuando llegó la perestroika de Gorbachov. No hubo ni un día en que me arrepintiese de lo que había hecho. La situación en la URSS necesitaba kamikazes, personas que se sacrificaran para evidenciar el totalitarismo del sistema. Los disidentes, en aquel país que no era libre, ¡actuaban como personas libres! Aquello chocaba con todo.

Fogonazo místico en la KGB

"Mi vuelta a Dios fue inesperada, no buscada. En obras literarias había leído, antes de mi encarcelamiento, que Dios a veces viene a gente prisionera como una respuesta a su desesperación, incluso como una respuesta intelectual, pero mi caso no fue así", especifica.

La narrativa de Marynovych, a partir de este momento, adquiere la lucidez brillante, casi enfermiza, que uno percibe en los escritos de Dostoyevsky cuando disecciona el alma humana. Lo que en el escritor ruso encontramos como literatura, en Marynovych cobra carne.

"Me acababan de interrogar en la KGB de Kiev, y me habían devuelto a la celda. Iba agitado de pared a pared, reflexionando sobre varias cuestiones intelectuales. Entre ellas, pensaba en la unificación de la humanidad, en cómo todos los hombres podíamos estar unidos en lo espiritual. Y entonces, de repente, vi como un fogonazo de luz. Durante tres días mi estado en esa prisión fue muy extraño: comía, bebía, me aseaba, me afeitaba… Pero no atendía, ni oía ni respondía a lo que nadie me dijera. Al tercer día oí un repicar de campanas. Y hablé. Le pregunté a mi compañero de celda: “¿qué es eso? ¿Son las campanas de la iglesia de San Vladimir de Kiev las que suenan?” Él me dijo: “Menos mal, por fin oyes”. Entendí entonces que llevaba tres días sin reaccionar ante nada. En ese momento sentí como si se desenrollase un rollo en mi interior, desplegando mucha información, y de repente entendí muchas cosas bíblicas, momentos que conocía aislados pero ahora unía en una nueva cosmovisión. Sentí que ya entendía eso, que ya lo veía unido. Desde ese día, fui otra persona, ahora religiosa".

Lo prohibido y una voz: «¡reza!»

"Hubo otro momento muy especial, que sucedió dos años después, esta vez ya en el campo de trabajo. Había estado dos días sin comer, en huelga de hambre reclamando mi derecho a llevar una crucecita. Me habían arrancado la que tenía. Al tercer día vino un oficial a mi celda y me dijo: “de acuerdo, le devolveré su crucecita, pero después de pasar 15 días en la celda de castigo”. Para mí era una gran victoria moral y volví a comer".

"Después, paseé por la celda, dando vueltas, pensando en cosas filosóficas. De repente, noté que en mi mente había una fórmula filosófica sencilla que ¡explicaba el mundo! Era como pensar que el mundo, con toda su complejidad, puede explicarse por la combinación de solo 5 elementos. O como un calidoscopio, en el que unos pocos cristales generan infinidad de diseños. Tenía la sensación de que yo podía acceder a esos pocos elementos, podía jugar con ellos, preverlos, jugar con el futuro, componer profecías. Y me asusté. Entendí que un hombre no debería acceder a ese conocimiento".

"Me sentí mal, muy débil, me tumbé en la camilla de mi celda y empecé a desmayarme. Y entonces oí una voz potente, en ucraniano, mi lengua natal: “¡Reza!”, dijo esa voz. Estaba tan débil, allí tumbado, que no podía ni usar las manos para santiguarme, pero me santigüé mentalmente… ¡y en un instante recobré las fuerzas y salté de la camilla de un tirón, perplejo! La fórmula se había borrado completamente de mi mente. Me dio miedo y me dejó la sensación de haber sabido algo prohibido, y sentí agradecimiento porque se hubiese borrado".

Desde entonces, la pregunta de si Dios existe, para mí, ya no tiene sentido, debido a que yo esto lo sentí tan fuerte. Hoy sé que soy un pecador, que incumplo muchas virtudes, pero precisamente sé que eso son transgresiones. Para mí es importante que el mundo en general y la civilización europea en particular entienda que están omitiendo la búsqueda de la verdad, y que diciendo que quieren proteger la libertad, en realidad muchas veces dañan esa libertad".

¿Inglaterra hoy, como la URSS?

"Me choca ahora el caso de Inglaterra, donde los tribunales dicen que pueden despedir a alguien por llevar una crucecita al cuello", continua este académico. "Yo, que en la cárcel comunista defendí mi crucecita y pensaba en Occidente como un lugar de tolerancia. En su momento, la Ilustración luchó contra el monopolio de la Iglesia y le retiró ciertas funciones que no le eran propias, haciéndole volver a su misión espiritual. Pero ahora la Iglesia es casi perseguida en Occidente y el monopolio de lo público se lo adjudican las cosmovisiones arreligiosas. Ese monopolio es tan dañino como el anterior".

Marynovych admite cierta nostalgia del lager, o más en concreto, de la espiritualidad de esos días en el campo de trabajo.

"En el gulag, no se nos permitía ninguna práctica religiosa, estaba prohibido tener biblia. Pasé 15 días de huelga de hambre para pedir que me dejasen tener una biblia. No lo conseguí. Hasta nos censuraban las cartas que nos mandaban con versículos bíblicos. El Espíritu Santo circulaba por el “lager”. Como no teníamos acceso al culto litúrgico, una persona religiosa se centraba en una conciencia profunda de Dios. No había comunidad cristiana con la que adorar, así que el alma hacía del sufrimiento cotidiano su templo. Poner la otra mejilla, amar a tus guardias despiadados y cínicos… era nuestro culto. ¡No hay mejor lugar para el sentimiento cristiano que esos campos de trabajo! No había sacerdotes que te pudiesen dar aliento. Estabas a solas ante Dios. ¡Qué días benditos aquellos! ¡Qué bendición para los que pasaban la prueba con éxito! Podía ver con nuevos ojos la promesa de Cristo: ¡bienaventurados los perseguidos! Saber que estabas condenado sólo por la verdad consagraba y llenaba de significado cada día en el lager. Era un apoyo sublime, pero sólo al salir del lager lo entendí. Aquí fuera has de justificar tu existencia con obras".

"Hoy vivo una tensión entre la fe pura y la ritualidad. En el lager no había vida ritual y mi fe era toda mística, espiritualidad. Acepto los ritos, la liturgia de mi tradición grecocatólica. Los domingos voy a la misa grecocatólica. Pero hubo una época en que yo acusaba a mi madre de tener una religión demasiado ritual. Yo quería espiritualizar a mi madre. Ella me dijo: “concédeme la posibilidad de creer a mi manera, y no a la tuya”. Su sencillez me chocó y ya no pretendo imponer mi visión a los demás".



Cristianos, corrupción y consumismo

"Los valores culturales cristianos chocan con la sociedad ucraniana de hoy. Recuerdo que un estudiante escribió una magnífica tesina sobre doctrina social de la Iglesia, muy exitosa. Dos meses después, me lo encuentro en la calle y me dice: “fui a pedir trabajo a tal sitio y me dijeron que si pagaba 2.000 dólares el puesto era mío”. ¡Soborno! Choque de valores. Muchos hoy han perdido la fe y la esperanza. Creen en Dios, pero van a la Iglesia y le dicen al Señor: “bueno, ya ves, esto es así, no puedo cambiar nada”. ¡No tienen esperanza! Quizá antes, aunque había más pobreza económica, había más limpieza moral. Ucrania no es peor ni mejor que otras naciones, pero lo que más me duele es ver que no crean que el cambio es posible, que no crean en mejorar. Sin esta esperanza en la gente, los políticos seguirán siendo todopoderosos".

"En la Universidad Católica miramos con reserva a todas las ideologías. Somos académicos, no tomamos partido. Pero el país está atascado en esas ideologías. Unos son de ideología casi comunista; otros de un nacionalismo ideológico; otros, ideólogos liberales… y todos ellos sospechan de nosotros, la universidad católica, porque no somos de los suyos. ¡Lo peor es que incluso hay quien tiene hasta una ideología eclesiástica!"

"El sistema comunista cambió la moral absoluta cristiana por la bolchevique, que decía: “la moral es todo aquello que es útil para el proletariado”. Al caer el Muro y la Unión Soviética, nos encontramos con el dogma de la moral postmoderna que dice: “la moral es solo lo útil para mí”. Como universidad católica promocionamos la restauración de los valores auténticos. Es una provocación para muchos post-comunistas que hoy tienen cargos en la administración pública y apoyan el desorden presente, que quieren que el desorden dure siempre porque les beneficia. La universidad, por ejemplo, es “zona libre de corrupción” en un sistema casi totalmente corrupto. Es una bendición del Señor trabajar en un lugar donde se respeta la dignidad humana, pero puede que pronto necesitemos la solidaridad de los cristianos occidentales para defendernos de quienes nos acosen".




Notas:
Publicado en http://www.religionenlibertad.com/


miércoles, 15 de agosto de 2012

El sentido escatológico de las Fiestas de la Transfiguración y la Dormición

Hoy comienza el Ayuno de la Madre de Dios, para prepararnos a la Fiesta de la Dormición de la Santísima Madre de Dios el 28 de agosto (15 de agosto según calendario Juliano), y además este domingo próximo, 19 de agosto (6 de agosto según calendario Juliano), celebraremos la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo en el Monte Tabor.

Me pareció entonces oportuno publicar algo referente a éstas fiestas tan importantes para el Oriente Cristiano, y en nuestra comunidad bizantina celebramos las fiestas patronales, ya que tanto el monasterio de monjes bizantinos como la parroquia bizantina estan dedicados a la Transfiguración del Señor.

En esta oportunidad comparto este material sobre el sentido escatológico de las Fiestas de la Transfiguración y la Dormición, se trata de un extracto de una tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, por Carlos Rosell de Almeida (2007), publicada con el nombre de "La Escatología Ortodoxa".


PRINCIPALES FIESTAS LITÚRGICAS ORTODOXAS CON UNA RELEVANCIA ESCATOLÓGICA

En la liturgia ortodoxa todas las celebraciones poseen una marcada orientación escatológica. Sin embargo, destacan de manera particular algunas celebraciones. En primer lugar, sobresale el domingo de Pascua –la fiesta de las fiestas– alrededor del cual gira todo el calendario litúrgico bizantino, y a partir del cual queda iluminada toda celebración.

Dentro de las «grandes fiestas», poseen un marcado carácter escatológico: la Ascensión del Señor, la Transfiguración en el Tabor y la Dormición de la Virgen. En un rango inferior, se ubica el «domingo del juicio final» –el domingo de carnaval– en el cual la Iglesia ortodoxa celebra la llegada de Cristo-juez escatológico. Con referencia a los difuntos, destacan dos conmemoraciones: el sábado víspera del domingo del juicio final –el llamado «sábado de las almas»– y el sábado víspera de Pentecostés. Además se acostumbra recordar a los difuntos en los oficios de los sábados.

LA FIESTA DE LA TRASFIGURACIÓN: la humanidad transfigurada de Cristo es modelo de la divinización escatológica del hombre


La Transfiguración, Rublev

La fiesta bizantina de la Transfiguración del Señor lleva un marcado carácter cristológico, antropológico y escatológico (150). Es una fiesta que forma parte del ciclo fijo en el calendario litúrgico bizantino. Se celebra el día 6 de agosto y las diversas oraciones contienen una gran riqueza doctrinal y teológica. El misterio de la transfiguración de Cristo siempre ha gozado en la Iglesia ortodoxa de una gran importancia, pues aparece como el «icono» de la deificación escatológica del hombre por su incorporación a Cristo. En el Tabor, Cristo hace visible la gloria de su humanidad –gloria que le corresponde en razón de la unión hipostática– anticipando de esa manera su resurrección y mostrándose a la vez como prototipo de la divinización escatológica del hombre y del cosmos (151).


«Tú oh Cristo que con manos invisibles habías plasmado el hombre a tu imagen, haz mostrado cual fue tu belleza arquetípica en la criatura: y no como en una imagen la haz mostrado, sino como eres tú por esencia, Dios y hombre» (152).


Con su transfiguración, el Señor revela que el hombre también puede alcanzar la gloria de la transfiguración por la gracia de la filiación divina. La transfiguración de Cristo es imagen de la salvación de la humanidad: si la salvación es fundamentalmente divinización, el momentáneo brillar de la humanidad de Cristo es una prenda de nuestra propia divinización y salvación.


«Hoy, por la divina transfiguración, toda la naturaleza mortal, ya divinamente resplandeciente, y con alegría aclama: se transfigura Cristo para salvar a todos»(153).


«Celebrando en este día la vigilia de la santísima y gloriosa transfiguración, glorificamos a Cristo que ha transformado nuestra naturaleza con el fuego de la divinidad y, como al origen, la ha restablecido resplandeciente de incorruptibilidad»(154).


«Aquel que en un tiempo, mediante símbolos había hablado con Moisés sobre el monte Sinaí, diciendo «Yo soy el que soy», transfigurándose hoy sobre el monte Tabor ante la presencia de los discípulos, ha mostrado como en Él, la naturaleza humana recobra la belleza primera de la imagen...»(155).


«... Subido en efecto sobre este monte, oh Salvador, junto a tus discípulos, transfigurándote haz devuelto de nuevo radiante la naturaleza un tiempo obscurecida en Adán, haciéndola pasar a la gloria y al esplendor de tu divinidad. Nosotros pues a ti te aclamamos: Artífice del universo, Señor, gloria a ti» (156).


La fiesta de la transfiguración es por tanto toda una catequesis sobre la divinización o deificación del hombre. Esta divinización se incoa ya en la tierra pero está destinada a alcanzar su consumación en el último día, teniendo como modelo la imagen de la humanidad transfigurada de Cristo en el Tabor. En Cristo se percibe lo que nosotros llegaremos a ser en el éschaton; de ahí que la liturgia bizantina proclame que el misterio de la transfiguración del Señor equivale a la promesa de la gloria futura de los ciudadanos del cielo.

«Para mostrar la transformación de los mortales asuntos en tu gloria, oh Salvador, al momento de tu segunda y tremenda venida, sobre el monte Tabor Tú te haz transfigurado...»(157).


«Has limpiado con el agua y con el fuego la naturaleza humana manchada. Muestras el resplandor por tu carne, habiéndote iluminado más que el sol, a imagen de la gloria futura»(158).

LA DORMICIÓN DE LA THEOTOKOS: icono de la muerte cristiana


La Dormición, Rublev

La fiesta de la Asunción, más conocida en el Oriente como «la Dormición de la Virgen», es celebrada el día 15 de agosto y posee una fuerte impronta escatológica. En la liturgia bizantina, aparece como uno de los últimos misterios que se relacionan con el Verbo encarnado. La Dormición de la Theotokos se presenta como «tipo» de la muerte cristiana, pues la Virgen con su partida de este mundo, revela la condición última del hombre (159).

El «más allá» de una persona –como la Virgen– que vivió en comunión con Cristo es un estado de participación en la vida eterna. Como hemos visto, la escatología ortodoxa enseña que hasta el juicio final, la retribución es incompleta tanto para los santos como para los impíos. Ambos esperan la Parusía para entrar definitivamente en el cielo o en el infierno. Sin embargo, la ortodoxia proclama en esta fiesta –aunque con un lenguaje impreciso– que la Virgen ya entró en el Reino eterno; por eso, ella aparece como el icono de nuestra bienaventuranza escatológica. Andronikov afirma que su dormición –su muerte (160)– es la prefiguración gloriosa de la resurrección de los hombres (161). Nos muestra la victoria de la vida sobre la muerte, gracias a la participación en la resurrección de Cristo (162).

La Iglesia ortodoxa no ha proclamado dogmáticamente –como ha hecho la Iglesia católica (163) – que la Virgen fue asunta al cielo en cuerpo y alma una vez que concluyó su peregrinación por la tierra (164). Sin embargo, los textos litúrgicos de la fiesta (165) sugieren esta verdad, porque la ortodoxia canta en este día que la tumba de la Virgen se ha convertido en «escalera» del cielo. La Theotokos, por su comunión con Cristo, ha pasado a la vida sin fin. Así, en la fiesta de la Dormición se celebra el paso de la Virgen de la muerte a la «vida eterna» y se acude a su eficaz intercesión (166).


«Extraordinario prodigio, La fuente de la vida es depositada en un sepulcro, y la tumba se hace escalera hacia el cielo...» (167).


«Oh, las maravillas de la siempre Virgen y Madre de Dios. Ellas trascienden el pensamiento. Ha convertido en paraíso la tumba que habitaba...» (168).


«En el parto has conservado la virginidad, con tu dormición no has abandonado el mundo, oh Madre de Dios. Has pasado a la vida, tú que eres Madre de la vida y con tu intercesión rescatas de la muerte nuestra alma» (169).


«Tumba y muerte no han retenido a la Madre de Dios, siempre despierta con su intercesión e inmutable esperanza con su protección, cual Madre de la vida, a la vida la ha trasladado aquel que en su regazo siempre Virgen, había tomado morada» (170).


«Son vencidas en ti las leyes de la naturaleza, oh Virgen inmaculada: tu parto en efecto es virginal, y tu muerte ha atraído la vida. Oh tú que después del parto eres Virgen, y después de muerta vives. Salva siempre, oh Madre de Dios, tu heredad» (171).


La fiesta de la Dormición de la Virgen contempla también a los apóstoles y los ángeles reunidos alrededor de la Madre de Dios en el momento de su tránsito al cielo; para Andronikov, esta imagen evoca el acompañamiento de la Iglesia en el momento de la muerte. Alrededor del cuerpo del difunto, se tejen lazos de unión: los vivos, los santos y los ángeles entran en comunión con el difunto mediante sus oraciones. A ejemplo de la Dormición –señala Andronikov–, todo oficio fúnebre es un icono de la Iglesia unida en oración. Por esta razón, la alegría debe ganar a la tristeza porque en la muerte del cristiano, la fuerza salvífica de la Pascua de Cristo y la intercesión de su cuerpo entero están actuando (172).


«Cuando era ya el próximo tránsito de la morada pura de tu cuerpo, los apóstoles circundando tu lecho, te miraban con temblor, mientras los unos continuaban fijos presos de estupor. Pedro entre lágrimas te gritaba: oh Virgen, yo veo en ti, la vida, porque en ti ha vivido el gozo de la vida futura. Suplica pues con ardor o Inmaculada a tu Hijo y Dios, para que tu ciudad sea custodiada ilesa»(173).



Enlaces a otras publicaciones en Teóforos sobre la Transfiguración y la Dormición:


1) Fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo en el Monte Tabor

2) La Transfiguración de Cristo - El Icono de la Transfiguración (video)


3) Fiesta de la Dormición de la Santísma Madre de Dios

4) La Dormición de la Madre de Dios es la Pascua de la Virgen




NOTAS:

150. Constantin Andronikov señala que la fiesta de la transfiguración se constituye en la fiesta más teológica y la consumación prefigurada de las demás. Es un acontecimiento que en potencia y en acto se constituye en símbolo de la Pascua más allá del tiempo; es decir, de la resurrección en la eternidad y en la gloria, cuando Dios sea todo en todos. Cf. C. ANDRONIKOF, Les sens des fêtes, Paris 1970, pp. 243- 244.
151. «La transfiguración profetiza in actu un estado de la creación unida a su Creador, que debe ser establecido después de la vuelta física del Hijo en el seno de la Trinidad ». IDEM, El sentido de la liturgia. La relación entre Dios y el hombre, p. 260.
152. Tropario de la 5º oda del orthros de la gran fiesta de la transfiguración.
153. Kondákion del orthros del 5 de agosto.
154. Stichirón del orthros del día 5 de agosto.
155. Idiómelon de la gran víspera en la gran fiesta de la transfiguración.
156. Idiómelon de la gran víspera en la gran fiesta de la transfiguración.
157. Káthisma del orthros en la gran fiesta de la transfiguración
158. 7ª oda del canon del orthros del 5 de agosto.
159. Un estudio más detallado sobre el aspecto escatológico de la dormición de la Virgen en: C. ANDRONIKOV, La dormition comme type de mort Chrétienne, en A. M. TRIACCA, A. PISTOIA (eds.), La maladie et la mort du chrétien dans la liturgie. Conférences saint Serge XXIe semaine d’études liturgiques, Paris 1974, pp. 13-29; A. KNIAZEFF, Eschatologie et mariologie liturgique byzantine, en A. M. TRIACCA, A. PISTOIA (eds.), Eschatologie et liturgie. Conférences saint Serge XXXIe semaine d’études iturgiques, Paris 1984, pp. 139-154.
160. La doctrina ortodoxa habla de la muerte de la Virgen como «dormición». Hoy en día, en ámbito católico la mayoría de los teólogos parecen inclinarse por afirmar que la Virgen murió, participando de esa manera en la muerte de su Hijo. Cf. J.
NOTAS 553 L. BASTERO, María, Madre del Redentor, Pamplona 1995, pp. 266-268; J. GALLOT, Maria, nella opera della salvezza, Roma 1991, pp. 324-335.
161. «María, en efecto, es el microcosmos eclesial y, al mismo tiempo, el icono de la Iglesia, “más vasto que los cielos”. En ese sentido, es la apoteosis del hombre, porque ella es el arquetipo de la realización theantrópica, tanto en la vida como en la muerte». C. ANDRONIKOF, El sentido de la liturgia, p. 303.
162. «La dormition de la Vierge es la porte du Royaume. Elle indique d’une manière éblouissante la finalité réelle de la mort, à savoir: la victoire de la vie, la résurrection à la suite du Christ». IDEM, La dormition comme type de mort Chrétienne, en A. M. TRIACCA, A. PISTOIA (eds.), La maladie et la mort du chrétien dans la liturgie. Conférences saint Serge XXIe semaine d’études liturgiques, Paris 1974, p. 13.
163. DH 3900-3904.
164. «La única definición doctrinal sobre María formalmente aceptada por la Iglesia bizantina es el decreto del concilio de Efeso que la denominó Theotokos o “Madre de Dios”. Aunque el decreto es obviamente cristológico, y no mariológico... Esa proximidad de María a Cristo contribuyó, en Oriente, a una considerable popularidad de las tradiciones apócrifas que atestiguaban su glorificación corporal después de su muerte. Esas tradiciones encontraron su lugar más apropiado en la poesía himnográfica de la fiesta de la Dormición (Koimêsis, día 15 de agosto) pero nunca fueron objeto de especulación teológica o de definición doctrinal...». J. MEYENDORFF, Teología bizantina, pp. 307-308.
165. La fiesta de la dormición o koimesis se comenzó a celebrar en Oriente a mediados del siglo VI; por tanto, antes que en Occidente.
166. «La dormición muestra el acceso ideal a la vida eterna. La mujer ha vencido a la serpiente. El arma última del enemigo implacable no tiene ya fuerza. La Asunción es la victoria final que una criatura humana gana a la muerte realizando íntegramente la voluntad de Dios, que ella ha aceptado y asumido libremente. Ella es el retorno al jardín de Edén, a la sombra del árbol de la vida. Los querubines temibles bajan la espada de fuego, cantan himnos de alegría». C. ANDRONIKOF, El sentido de la liturgia, p. 308.
167. Aftómelon de la gran víspera en la gran fiesta de la Dormición de la Madre de Dios.
168. Tropario de la 8ª oda del orthros de la gran fiesta de la Dormición de la Madre de Dios.
169. Apolytíkion de la gran víspera en la gran fiesta de la Dormición de la Madre de Dios.
170. Kondákion del orthros de la gran fiesta de la Dormición de la Madre de Dios.
171. Irmós de la 9ª oda del orthros de la gran fiesta de la Dormición de la Madre de Dios.
172. Cf. C. ANDRONIKOV, o.c., p. 313.
173. Idiómelon del orthros de la gran fiesta de la Dormición de la Madre de Dios.