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lunes, 29 de abril de 2013

Testimonio vocacional del Hieromonje Diego


Entrevista realizada por la Hna. Mónica Jaciuk, OSBM



1) Padre, ¿qué significa para su vida haber sido bautizado en el rito romano y vivir hoy como monje y sacerdote bizantino?

Buenos días, ante todo, gracias por el interés y el espacio para que pueda testimoniar ante Uds. la vida que Dios me ha concedido. En primer lugar, bendigo a Dios Padre que en su Misericordia y Sabiduría infinitas se ha dignado derramar en mí, pecador, tantas gracias por medio de su Hijo Unigénito para ser instrumento del Espíritu Santo y cumplir lo que Él quiera, para mi salvación y la de los hermanos. Alabo tiernamente a la Toda Santa, la Madre de Dios y Siempre Virgen María, la que en mi interior nutre a su Hijo, para que sea formado hasta la medida del Hombre Nuevo.

Entre el bautismo que recibí de pequeño y mi condición actual de hieromonje de la Iglesia Bizantina Ucrania hay un largo camino que trataré de resumir.
Bien, el Bautismo es una gracia extraordinaria, que en mi caso, la recibí como la mayor parte de los argentinos: en la Iglesia Católica de rito latino y por tradición familiar, digamos, una sabia costumbre que permitió que una familia no practicante como era la mía no le impidiese a la Iglesia el ser Madre de sus hijos.

Mi llamado a la fe fue casi coincidente con mi llamado a la consagración, a los 20 años de edad, y hasta ese momento, la gracia del Bautismo aguardaba los tiempos de Dios, que son tiempos de misericordia. Debo a la Iglesia latina mi formación primera, la Acción Católica, luego el seminario y el haberme ofrecido las riquezas del Oriente Cristiano a manos llenas, cosa que agradezco cada día.

Así, a la vez que me nutría con los íconos, los Santos Padres, en particular los Padres del Desierto, la Oración del Nombre, y militaba y misionaba en la parroquia, había un profundo anhelo y a la vez una convicción de que Dios tenía algo para mí desconocido, y que como Dios es fiel, Él habría de mostrarme y le daría cumplimiento.

Ya durante la formación sacerdotal en el Seminario Mayor “San José” de La Plata, ese misterioso “llamado dentro del llamado” seguía creciendo y exigiendo más. Al crecer en mí esta realidad de a destellos e inspiraciones, mis sucesivos padres espirituales me animaron a que cultivara ese núcleo misterioso y palpitante. La lectura de la Carta Apostólica “Orientale Lumen” fue una revelación de mis más hondas aspiraciones. Pero fue un día al entrar durante una Divina Liturgia en un templo ortodoxo en que supe, por fin, quién era yo. Ya no había misterios: sin separarme de mi Madre la Iglesia Católica, yo era simplemente “todo eso”. No hubo ningún detalle, sencillamente me sentía un pez en el agua: “lo semejante conoce lo semejante”. Al poco tiempo, según mis posibilidades, empecé a concurrir a la Misión Católica Rusa y Rumana, donde podía comulgar y participar con otros que “padecían” alegremente la misma urgencia hacia la “Luz del Oriente”.

El comienzo de la fundación junto con el entonces seminarista David, mi amigo y compañero el hieromonje David, fue fruto de una decisión consciente y madurada bajo la guía espiritual de la Iglesia de emprender el camino de la santidad, en la penitencia, la oración y el ayuno siguiendo la inspiración primera: llegar a ser una comunidad monástica bizantina eslava en la diáspora, plenamente insertada en la realidad local. Así comenzamos a tener relación con la Eparquía Ucrania.

Años después de comenzar la fundación del monasterio, con el hieromonje David, a instancias de Mons. Sviatoslav, entonces Obispo Ucranio de la Argentina, fuimos hechos miembros plenos de la Iglesia Católica Bizantina Ucrania por la Santa Sede, es decir, como si hubiésemos sido bautizados en ella, e incardinados en la Eparquía Ucrania de la Argentina. 

Así pues, volviendo al inicio, me siento bendecido y comprometido a ser plenamente sacerdote de Dios y monje de la Iglesia de Oriente, al servicio de todos.

2) ¿Qué aspecto de la Iglesia Bizantina le cautivó?

Su Liturgia vivificante, ultraterrena, mística y a la vez tan cercana, que lo ilumina todo. La Iglesia Bizantina es Liturgia, Servicio Público ante Dios en favor de los hombres: Solemnidad tierna, piedad sobria, penitencia gozosa, memoria apostólica expectante del retorno de Cristo, poesía dogmática, desbordante Unción sin desbordes, sencillez dignificante, estupor dulcísimo…y de allí dimana la Luz de Cristo a todos los aspectos de la vida, para todos, los más sencillos, para las creaturas de todo el universo.

3) ¿Cómo se articula la vida monástica y la misión en el monasterio de la Transfiguración?

Como en todo organismo pequeño como lo es nuestro monasterio, todos los procesos “metabólicos” de su vida se dan a una gran velocidad: Celebramos en la iglesia, tenemos momentos de vida en común, hacemos las tareas de la casa, damos formación a los miembros de la comunidad, atendemos peregrinos, a penitentes que buscan el perdón, a personas en riesgo, también a personas en el pueblo, hacemos toda clase de trabajo manual e intelectual, misionamos en el Sur, y básicamente estamos abiertos a las necesidades del Cristo que cruza nuestra tranquera: la armonía, humanamente hablando imposible, es estar con Dios sin cesar. La oración del Nombre de Jesús lo hila todo. La unidad de todo la concede Dios sólo al estar en vilo a cada instante para arrojarse sobre la Voluntad siempre benéfica de Dios.

4) ¿Por qué vive con tanto entusiasmo?

¿Oh, tanto se me nota? Permítaseme, pido paciencia, una explicación. La palabra entusiasmo, viene del griego “en-theo-ousiasmós”, algo así como “estado activo causado por Dios”. El Señor Jesucristo nos dice por medio de la Samaritana que el agua que Él nos da, la Gracia, brota como un manantial hasta la Vida Eterna…ahora bien, ¿qué hago yo con tanta agua que brota y brota? ¡la doy de beber a otros! El único entusiasmo, pues, digno de tal nombre es el de tener a Dios adentro, y a la vez, experimentar el vivir insertos en Él. Y estar adentro de Dios, es estar adentro de la Iglesia, sin peros. Les deseo a todos que, en la medida del querer divino, les pase lo que me pasó a mí. 

5) ¿Qué  mensaje quiere transmitir como sacerdote y monje bizantino?

No busquen la felicidad vanamente fuera de la Iglesia: Crean que Dios es fiel y que Él cumple las promesas a su Pueblo: Déjense llevar por el Amor de Dios, y oren sin cesar. Busque cada uno un padre espiritual y obedézcalo, siendo sincero con Dios y los hombres. Amen a la Madre de Dios con todo el corazón. ¡Dios los bendiga! ¡Slava Isusu Jristú!

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 Gracias al "Sí" del Padre Diego al Señor, muchos podemos nutrirnos de la riqueza  espiritual del Oriente Cristiano aquí en la Argentina, a través del Monasterio Bizantino de la Transfiguración que fundaron con el Padre David hace 15 años.
Video de una Pascua vivida en el Monasterio Bizantino de la Transfiguración:



Más fotos:




















Notas:
* Fotos tomadas por Raquel y Mirta Carballedo 


sábado, 20 de abril de 2013

Testimonio vocacional del Higúmeno Hieromonje David



Entrevista realizada por la Hna. Mónica Jaciuk, OSBM


1- ¿Cómo descubrió este don de bizantino e iconógrafo?

Querida madrecita, doy gracias por la familia que me ha concedido, que me ha criado en la fe católica y me ha dado la fe para vivirla desde que nací. Tanto mis padres como mis abuelos hemos crecido en el seno de la Iglesia. Para nosotros la fe siempre fue algo muy importante y parte de nuestra vida. Me he criado en un pequeño pueblo del sudeste de la Prov. de Buenos Aires, y en mi familia teníamos la costumbre de rezar juntos, p. ej. el Santo Rosario, leíamos la Biblia y la Vida de los Santos. Los sacerdotes que atendían mi pueblo siempre eran una parte más de la familia.

Cuando tenía cinco años quería ser monje y ya tenía una ermita en el hueco de un tronco con una pequeña estampa de la Madre de Dios de Vladímir, que había llegado providencialmente a mi familia. Mi vecina Doña Cecilia, de origen libanés, tenía un cuadro de un monje que me cautivaba, y me contaba acerca de él: San Charbel Makhlouf. Siendo ya más grande, a eso de los once años, pedí a mi padre un espacio para hacer una capilla en la casa. A mi regreso del colegio, todo estaba preparado, hasta el mobiliario.
En aquella época había algunas familias ortodoxas, que hablaban de los íconos, los que me atraían particularmente, especialmente el del Perpetuo Socorro que en casa era muy amado y venerado, y que mi bisabuelo había hecho traer dos copias que había donado a dos iglesias.

Yo ya sentía una profunda atracción cuyo origen desconocía hacia todo lo bizantino que llegaba a mis manos. Y crecía un deseo por algo que se hallaba encerrado en estas santas imágenes. Con veintidós años, una vez ingresado en el noviciado de Don Orione, mi padre maestro solía hacernos leer la vida de los santos. Cuando tocó mi turno, me dijo que no leyera la vida de santos occidentales, que ya conocía desde la niñez, y me hizo tomar un libro que decía era especial para mí, que algún día iba a entender por qué: la Vida de San Sergio de Radonezh, que hizo literalmente saltar mi corazón del pecho, lo que sumado después a la lectura de los Relatos de un Peregrino Ruso, encendieron en mí el deseo de poder abrazar este género de vida monástica en algún momento, que no parecía llegar nunca.

Por otra parte, siendo clérigo estudiante, mi entonces padre espiritual, un jesuita, ante mi insistencia con algunas escuelas místicas de Occidente, me dijo: “ese no es tu espíritu”, y me dio a leer los Apotegmas de los Padres del Desierto, que afinó la percepción de la Voluntad de Dios para mi alma. Pero habrían de transcurrir unos cuantos años todavía…hasta que la semilla puesta por Dios traída desde la Santa Rus’ germinara en mí.

Ya en el clero, en los últimos años de teología, conocí a mi compañero de camino, el actual hieromonje Diego, con quien compartíamos idéntica búsqueda. Comenzamos pues a procurarnos cuanto material hubiese disponible. La lectura de la Carta Apostólica Orientale Lumen nos confirmó plenamente y nos permitió saber que la tradición es algo vivo que nos transporta a vivir plenamente el don de Dios, donde lo antiguo y lo nuevo se integran en lo eterno. Diría que Dios toma el hilo de oro de nuestra vida y lo borda de eternidad.             

Es aquí cuando mi deseo de escribir íconos se materializó, ya que Dios puso en mi camino a una persona muy querida que me transmitió sus conocimientos no sólo de iconografía, sino del mundo espiritual de la Rus’ de Kyiv, idioma, costumbres…con los cuales llegué verdaderamente a identificarme.
Al poco tiempo, con la bendición de nuestro padre espiritual, mi compañero y yo nos pusimos a disposición de las autoridades de la Iglesia, ya no como candidatos al sacerdocio diocesano de la Iglesia Latina, sino como aspirantes a la vida monástica y sacerdotal en la Iglesia Bizantina. La Iglesia como Madre nos ha guiado y confirmado desde entonces hasta hoy día: hoy somos monjes y sacerdotes de la Iglesia Católica Bizantina Ucrania. Ella es nuestra casa.
         
2- ¿Cómo define qué es un icono?

Un día el Apóstol Felipe le pidió a Nuestro Señor Jesucristo ¡muéstranos al Padre!, a lo que el mismo Señor respondió: “Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre”. Dios se ha hecho visible. El fundamento de todo ícono es el hecho que el Hijo de Dios se ha hecho hombre. Dios se ha hecho representable, al asumir nuestra condición, excepto en el pecado, sin dejar de ser Dios.

Un ícono no es una mera obra de arte, sino una ventana que nos abre al Misterio y a la unión con lo trascendente; un lugar de encuentro con lo Eterno que nos ilumina continuamente para hacernos dirigirnos a la plenitud para la que hemos sido creados, a su imagen y semejanza. Un ícono es un espejo que refleja la Luz Divina y que nos muestra a todos los que han sido transfigurados.
El ícono es sacramental de la Iglesia, acaso el más poderoso sobre la Tierra: hace presente a quien está representado en él. Y cuando oramos ante él, o encendemos una lámpara, sabemos por la fe, que la mirada infinitamente bondadosa de Dios se posa sobre nosotros.

3- ¿Qué oración reza antes de escribir un icono?

Las oraciones iniciales “Rey Celestial, hasta el padrenuestro” y las demás prescritas para los iconógrafos.
Continuamente es conveniente rezar la Oración de Jesús, también llamada ‘del corazón’ o ‘noera, noética’.
Además de orar mientras se trabaja, en algunos momentos alguien lee sobre temas espirituales de los Santos Padres, siempre que podemos oímos los cantos litúrgicos aprovechando la tecnología, con grabaciones de distintos monasterios.

4- Cuando escribe un icono ¿piensa en llegar a un destinario o público determinado? ¿Por qué?

Ante todo, cuando escribo un ícono, lo hago pensando en hacer presente ante el mundo a aquellos que están representados: Cristo, la Madre de Dios, los Santos, los Ángeles, y así en embellecer la Iglesia de Dios y sabiendo que como son sacramentales, son medios de santificación y presencia en la iglesia, en las celdas de los monjes, en los hogares y en todo lugar en que estén para la oración. El Señor, al hacerse hombre sin dejar de ser Dios es el arquetipo, el modelo de todo ícono, y con su presencia santifica el cosmos y lo ennoblece, ennobleciendo así nuestra vida cotidiana y santificando todo.

5- ¿Qué le motiva a escribir un icono? ¿Buscar responder a las necesidades que tiene la gente?

Si por necesidad de la gente entendemos la urgencia para cada uno de entrar en servicio del Dios viviente, el ser liberado del pecado para vivir bajo la dulce obediencia del Padre celestial, entonces cada ícono es un embajador de la presencia de Dios, verdadera respuesta a todas nuestras necesidades. Cuando se escribe un ícono, en mi caso como monje, sólo se piensa en la presencia de Dios y en la necesidad que tenemos de vivir unidos a Él. 


6- ¿Escribió algún icono de la Sagrada Familia? ¿Por qué? 

Todavía no. Pero si escribí el ícono que funda la Sagrada Familia, es decir, el icono de la Natividad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que es Dios que se hace hombre sin dejar de ser Dios.
Porque en este tiempo de relativismo en el que vivimos, en el que la familia es socavada en su centro neurálgico – la unión amorosa y fecunda del varón y la mujer como reflejo del amor trinitario – es necesario centrarse en el icono de la Natividad, que nos reúne en torno al Misterio de la Redención, la Encarnación del Verbo de Dios: Al contemplar las personas que allí se encuentran, nos vemos identificados todos los hombres, con sus inquietudes y desafíos, y encontramos respuesta en el Amor Humanado, que nos hace Familia de Dios.

7- ¿Qué mensaje del icono de la Sagrada Familia le cautiva más?

Dios nos presenta qué es la familia según su Plan Divino y nos la ofrece como modelo, escuela de humanidad y santidad para nuestro bien eterno.

8- Para Ud. Padre David, ¿qué considera como importante tener en cuenta cada día de nuestra vida?

Tenemos que orar y trabajar continuamente tomados de la mano de Dios para que su Reino sea instaurado en el mundo. Dios quiere nuestra salvación y hemos de fatigarnos día tras día para alcanzarla, tal como nos manda el Señor. En Él está nuestra esperanza.

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Parte de la Película Documental "The Hushed Music": 













Notas:

* Fotos tomadas por Raquel y Mirta Carballedo